Bisaura o Besora, dos denominaciones del mismo lugar. El nombre de Bisaura es de origen vasco, resuena con raíces profundas en una tierra que ha estado habitada desde el neolítico por los antiguos pobladores vascos de los Pirineos. BASSA-URI-A, quiere decir ‘ciudad del bosque’, hecho que evoca la densidad y la majestuosidad de los bosques que cubren esta región.
Con el tiempo, Bisaura experimentó una evolución fonética catalana que lo transformó en Besora.
Este valle, un lugar de un inmenso interés humano y una belleza cautivadora, se alza como un testimonio vivo de la historia. Pueblos como Sant Quirze de Besora, Santa Maria de Besora, Vidrà, Ciuret, Sora y Montesquiu tejen este mosaico humano que da forma a este territorio singular. Cada aldea, cada rincón, relatan su propia historia y contribuyen al encanto indescriptible de esta tierra.
A finales del siglo IX, entre Santa Maria de Besora y Vidrà, se puso la primera piedra del Mas Pujolons. La familia Pujolons (o Pujalons) trabajó estas tierras durante quinientos años, y vivió tanto momentos de prosperidad como de adversidad. Enfrentaron guerras, la peste negra y las contiendas por la defensa y reconquista de territorios islámicos, mientras la masía se consolidaba como una de las casas más importantes del territorio.
El 5 de mayo de 1258, Ramón de Besora y su esposa Blanca, condes del castillo de Besora, reconocieron con honores a Ramón (Raimundus) Pujolons y le otorgaron oficialmente el Mas Pujolons por su dedicación y servicio.
En el siglo XV, durante la guerra civil catalana (que enfrentaba a la nobleza y el campesinado), Pere Pujolons y su esposa, Marquesa del Noguer, casaron a su hija Francina con un joven de Ripoll llamado Jaume Clarella.
Este fue un matrimonio diferente a los habituales. Francina tenía hermanos y, por tradición, el primogénito debía heredar las propiedades de la familia. Pero en este caso no fue así. Según los documentos que hemos consultado, Jaume trabajó en el Mas Clarella como jornalero y se ganó la confianza de los dueños y el afecto de su hija. Creemos que Francina y Jaume se casaron por amor. Todos los datos que tenemos de esta unión así lo confirman. El hermano de Francina, y primogénito, renunció a la herencia del Mas Pujolons a cambio de heredar el Mas Noguer (otra propiedad de la familia), tal como figura en los capítulos matrimoniales que firmaron.
Francina y Jaume serían, desde su matrimonio el 4 de mayo de 1466, herederos del Mas Clarella y, entre otras cosas, de la cuarta parte del vino de la bodega y de la vendimia de aquel año y de los siguientes (lo cual confirma que en estas tierras ya se producía vino). Con este matrimonio nació la saga de los Clarella, que habitaron la casa del Bisaura y trabajaron las tierras hasta el año 1970, cuando Pilar Clarella dejó la casa después de un accidente en las escaleras de la masía. La última de los Clarella murió en 1977 en una residencia de Vic.
Otro hecho histórico del año 1874 relaciona al Mas Clarella con la impresión de sellos destinada a financiar el ejército carlista. A principios del siglo XIX, un matrimonio unió a dos de las grandes familias del valle: los Clarella y los Ferrés.
Una nieta de esta unión fue Mercè Clarella Alibés, quien se casó con Joan Vidal de Llobatera (un político y diputado carlista de máximo relieve social). Durante la tercera guerra carlista, primero en el Mas Ferrés y más tarde en el Mas Clarella, se imprimieron sellos carlistas que servían como pago de las adquisiciones y necesidades de los soldados de este ejército.
Una Masía del Valle de Besora
Bodega de Vinos de Montaña,
Enoturismo, Cultura e Historia.